Bibi, vive y deja vivir!!! Viva la mujer que no te interrumpió voluntariamente tu vida durante su embarazo!!! Viva la madre que te concibió!!! Subhumano En 1930, Alfred Rosenberg en Der Mythus des 20. Jahrhunderts utilizar el término Untermensh (subhumano) para referirse a aquellos que, supuestamente, se hallaban por debajo de lo humano. El término hizo fortuna y en 1933, una publicación de la SS titulada precisamente El subhumano cargó contra los judíos indicando que pertenecían a esa categoría. En 1942, la Oficina principal de la raza del III Reich distribuyó un panfleto titulado Der Untermensch (El subhumano).
El texto tuvo una tirada de 3.860.995 ejemplares en alemán y además se tradujo a otras catorce lenguas europeas más. En la obra se señalaba que “el subhumano, que biológicamente aparenta ser una creación de la naturaleza similar con manos, pies y una especie de cerebro, con ojos y una boca, es, sin embargo, una criatura completamente diferente”. A esas alturas, el método nacional-socialista resultaba obvio. Para emprender con éxito la gigantesca tarea de exterminar a millones de seres humanos, antes había que desproveerlos de su condición de tales. Apelando a la ciencia – una ciencia risible, dicho sea de paso, judíos, enfermos mentales, personas con dolencias irreversibles fueron clasificados como algo vivo, pero no humano. Una vez colocados en ese grupo, la tarea del exterminio masivo podía llevarse a cabo con total tranquilidad. Y, efectivamente, así fue. Comento todo esto no por el gusto de desplegar ante el lector algunos datos poco conocidos de la Historia del nacional-socialismo alemán, sino para indicar que estaba prácticamente convencido de que el concepto de subhumano había quedado confinado a las páginas más siniestras de la Historia hasta que esta semana tuve ocasión de escuchar a la ministra Aído afirmando que un feto era un ser vivo, pero no un ser humano como había dejado de manifiesto la ciencia. Si en vez de escuchar semejante dislate con acento andaluz lo hubiera oído en alemán, les doy mi palabra de honor de que hubiera puesto mi mano en el fuego porque acababa de pronunciarlas un convencido miembro del partido nacional-socialista obrero alemán (NSDAP). Si la ignorancia es una eximente – y resulta más que dudoso – quizá la ministra sea inocente, pero esa circunstancia no se puede aplicar a Ángel Gabilondo, el ministro de educación. Cualquier persona decente habría respondido que las palabras de la ministra son, como mínimo, una majadería. Pero, interrogado sobre ellas, el señor Gabilondo prefirió escudarse en la frivolidad para no descalificar a su más que objetable compañera de gabinete. Para ser sinceros, no sé cuál de las conductas me parece peor, si la de una ignorante que priva a seres inocentes de su carácter humano para legitimar que se los extermine en masa sin el menor escrúpulo de conciencia o la del profesor universitario que, encaramado a una poltrona ministerial, se inhibe con una gracieta de denunciar semejante barbaridad. En el III Reich, hubo idealistas, no pocas veces semianalfabetos, dispuestos a ejecutar cualquier orden que procediera de su Führer como una señal de progreso, pero tampoco faltaron sujetos con más instrucción, ascendidos a cátedras o ministerios, que se limitaron a mirar hacia otro lado al ver cómo se expulsaba a los judíos de sus trabajos y se preparaba a la población para el baño de sangre. Se puede discutir quién tuvo más culpa del genocidio, pero sus bases quedaron asentadas cuando alguien afirmó que algunos seres humanos eran subhumanos.
Hace rato que no posteo ni comento nada, pero por algún motivo misterioso ahora no me pude contener:
Lo primero que se me ocurre pensar, es que hay un implícito brutal que parece que nadie advierte en esta conversación: el concepto de sub-humano pone por debajo de lo humano a lo diferente, lo que en sí mismo me parece una atrocidad. Pero eso no es todo, el otro implícito, más salvaje aún, dice que lo, en rigor, no-humano, es legítimamente exterminable sólo por diverso. El planeta se muere de apoco por estas formas de pensar, no quisiera tener que imaginar un planeta habitado exclusivamente por humanos, ya libres de toda esta molesta diversidad biológica.
Pero dejando eso como una nota al margen, lo que nos convoca: yo no tengo problemas con alguien que asume que está dispuesto a asesinar y lo hace. O más que no tener problemas, porque puedo tenerlos, asumo que es una opción. Lo que no puedo validar, es que esa opción se pierda en la implicitud, en el eufemismo, en la intelectualización. Acabar con la vida de alguien es matar, asesinar, tal como yo mismo lo he hecho con muchas arañas, hormigas y moscas a lo largo de mi vida. Matar a alguien es algo fuerte, complejo de juzgar. Hace unos años en mi país fue indultada, tras 10 años de cárcel, una mujer que mató a su marido de un hachazo mientras éste entraba por la ventana a la casa, dispuesto a asesinarla a ella y a su hijo, después de una vida de golpizas. Celebro tanto este asesinato como su indulto. Hace algunos años más atrás, también en mi país, tuvimos un gobernante que asumió la norma consuetudinaria del asesinato como un camino viable de sustentabilidad de su gobierno. Aquí no celebro nada.
Después de toda esta cháchara (mis disculpas por la lata), lo que quiero decir es simple: el que quiera matar a alguien, no se haga el huevón, está tomando una opción que no queda validada por ninguna ley, por mucho que ésta quede escrita y sacralizada, matar es un acto del que debieras hacerte responsable, y abortar es matar, para bien o para mal. Allá cada uno y su conciencia, para decidir si sabía lo que hacía, y sabía por qué lo hacía. Bajo determinadas circunstancias probablemente yo no lo descartaría, pero tengo claro que esas circunstancias nunca serían la incomodidad, el arrepentimiento, el cálculo de mi situación económica, mis expectativas de dedicarme a algo distinto que criar.
Esta no es una discusión entre la pechoñería católica (puaj) y el progresismo librepensador (puaj tb), quisiera afirmarlo. El dilema es: nos hacemos responsables y concientes de lo que estamos haciendo y de las decisiones que tomamos o no. Una ley de aborto, la aprobación de la pena de muerte, son consensos, nada más. La conciencia no queda salvada, sólo el receonocimiento social. En la historia hemos pasado por épocas regidas por consensos abominables. Siempre, a solas, tendré que responder a la pregunta: ¿mis motivos son válidos para mí, para quitarle la vida a este ser (humano o no)? ¿Si yo fuera el objeto de esta decisión, en lugar del sujeto; pensaría igual?
La lucha, amigas mías, tampoco es por su libertad de decidir, esa libertad siempre la han tenido y siempre la tendrán, nadie se las puede quitar. La lucha es en realidad por la despenalización. El fondo del asunto se resuelve en el fondo de la conciencia de cada quién.
Ah, lo último. Durguita: puede ser que sea como tú dices, pero que lo digas no hace que sea, no sé si me entiendes. Faltan los por qué, la argumentación. ¿No te parece?
4 comentarios:
Bibi, vive y deja vivir!!!
Viva la mujer que no te interrumpió voluntariamente tu vida durante su embarazo!!!
Viva la madre que te concibió!!!
Subhumano
En 1930, Alfred Rosenberg en Der Mythus des 20. Jahrhunderts utilizar el término Untermensh (subhumano) para referirse a aquellos que, supuestamente, se hallaban por debajo de lo humano. El término hizo fortuna y en 1933, una publicación de la SS titulada precisamente El subhumano cargó contra los judíos indicando que pertenecían a esa categoría. En 1942, la Oficina principal de la raza del III Reich distribuyó un panfleto titulado Der Untermensch (El subhumano).
El texto tuvo una tirada de 3.860.995 ejemplares en alemán y además se tradujo a otras catorce lenguas europeas más. En la obra se señalaba que “el subhumano, que biológicamente aparenta ser una creación de la naturaleza similar con manos, pies y una especie de cerebro, con ojos y una boca, es, sin embargo, una criatura completamente diferente”. A esas alturas, el método nacional-socialista resultaba obvio. Para emprender con éxito la gigantesca tarea de exterminar a millones de seres humanos, antes había que desproveerlos de su condición de tales. Apelando a la ciencia – una ciencia risible, dicho sea de paso, judíos, enfermos mentales, personas con dolencias irreversibles fueron clasificados como algo vivo, pero no humano. Una vez colocados en ese grupo, la tarea del exterminio masivo podía llevarse a cabo con total tranquilidad. Y, efectivamente, así fue. Comento todo esto no por el gusto de desplegar ante el lector algunos datos poco conocidos de la Historia del nacional-socialismo alemán, sino para indicar que estaba prácticamente convencido de que el concepto de subhumano había quedado confinado a las páginas más siniestras de la Historia hasta que esta semana tuve ocasión de escuchar a la ministra Aído afirmando que un feto era un ser vivo, pero no un ser humano como había dejado de manifiesto la ciencia. Si en vez de escuchar semejante dislate con acento andaluz lo hubiera oído en alemán, les doy mi palabra de honor de que hubiera puesto mi mano en el fuego porque acababa de pronunciarlas un convencido miembro del partido nacional-socialista obrero alemán (NSDAP). Si la ignorancia es una eximente – y resulta más que dudoso – quizá la ministra sea inocente, pero esa circunstancia no se puede aplicar a Ángel Gabilondo, el ministro de educación. Cualquier persona decente habría respondido que las palabras de la ministra son, como mínimo, una majadería. Pero, interrogado sobre ellas, el señor Gabilondo prefirió escudarse en la frivolidad para no descalificar a su más que objetable compañera de gabinete. Para ser sinceros, no sé cuál de las conductas me parece peor, si la de una ignorante que priva a seres inocentes de su carácter humano para legitimar que se los extermine en masa sin el menor escrúpulo de conciencia o la del profesor universitario que, encaramado a una poltrona ministerial, se inhibe con una gracieta de denunciar semejante barbaridad. En el III Reich, hubo idealistas, no pocas veces semianalfabetos, dispuestos a ejecutar cualquier orden que procediera de su Führer como una señal de progreso, pero tampoco faltaron sujetos con más instrucción, ascendidos a cátedras o ministerios, que se limitaron a mirar hacia otro lado al ver cómo se expulsaba a los judíos de sus trabajos y se preparaba a la población para el baño de sangre. Se puede discutir quién tuvo más culpa del genocidio, pero sus bases quedaron asentadas cuando alguien afirmó que algunos seres humanos eran subhumanos.
Comparar el aborto con el nazismo me parece una salvajada y una estupidez... el aborto no es infanticidio como lo quieren pintar algunos...
Hace rato que no posteo ni comento nada, pero por algún motivo misterioso ahora no me pude contener:
Lo primero que se me ocurre pensar, es que hay un implícito brutal que parece que nadie advierte en esta conversación: el concepto de sub-humano pone por debajo de lo humano a lo diferente, lo que en sí mismo me parece una atrocidad. Pero eso no es todo, el otro implícito, más salvaje aún, dice que lo, en rigor, no-humano, es legítimamente exterminable sólo por diverso. El planeta se muere de apoco por estas formas de pensar, no quisiera tener que imaginar un planeta habitado exclusivamente por humanos, ya libres de toda esta molesta diversidad biológica.
Pero dejando eso como una nota al margen, lo que nos convoca: yo no tengo problemas con alguien que asume que está dispuesto a asesinar y lo hace. O más que no tener problemas, porque puedo tenerlos, asumo que es una opción. Lo que no puedo validar, es que esa opción se pierda en la implicitud, en el eufemismo, en la intelectualización. Acabar con la vida de alguien es matar, asesinar, tal como yo mismo lo he hecho con muchas arañas, hormigas y moscas a lo largo de mi vida. Matar a alguien es algo fuerte, complejo de juzgar. Hace unos años en mi país fue indultada, tras 10 años de cárcel, una mujer que mató a su marido de un hachazo mientras éste entraba por la ventana a la casa, dispuesto a asesinarla a ella y a su hijo, después de una vida de golpizas. Celebro tanto este asesinato como su indulto. Hace algunos años más atrás, también en mi país, tuvimos un gobernante que asumió la norma consuetudinaria del asesinato como un camino viable de sustentabilidad de su gobierno. Aquí no celebro nada.
Después de toda esta cháchara (mis disculpas por la lata), lo que quiero decir es simple: el que quiera matar a alguien, no se haga el huevón, está tomando una opción que no queda validada por ninguna ley, por mucho que ésta quede escrita y sacralizada, matar es un acto del que debieras hacerte responsable, y abortar es matar, para bien o para mal. Allá cada uno y su conciencia, para decidir si sabía lo que hacía, y sabía por qué lo hacía. Bajo determinadas circunstancias probablemente yo no lo descartaría, pero tengo claro que esas circunstancias nunca serían la incomodidad, el arrepentimiento, el cálculo de mi situación económica, mis expectativas de dedicarme a algo distinto que criar.
Esta no es una discusión entre la pechoñería católica (puaj) y el progresismo librepensador (puaj tb), quisiera afirmarlo. El dilema es: nos hacemos responsables y concientes de lo que estamos haciendo y de las decisiones que tomamos o no. Una ley de aborto, la aprobación de la pena de muerte, son consensos, nada más. La conciencia no queda salvada, sólo el receonocimiento social. En la historia hemos pasado por épocas regidas por consensos abominables. Siempre, a solas, tendré que responder a la pregunta: ¿mis motivos son válidos para mí, para quitarle la vida a este ser (humano o no)? ¿Si yo fuera el objeto de esta decisión, en lugar del sujeto; pensaría igual?
La lucha, amigas mías, tampoco es por su libertad de decidir, esa libertad siempre la han tenido y siempre la tendrán, nadie se las puede quitar. La lucha es en realidad por la despenalización. El fondo del asunto se resuelve en el fondo de la conciencia de cada quién.
Ah, lo último.
Durguita: puede ser que sea como tú dices, pero que lo digas no hace que sea, no sé si me entiendes. Faltan los por qué, la argumentación. ¿No te parece?
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